Referencia:
Las peripecias del adolescente Holden Cauldfiel en una Nueva York que se recupera de la guerra influyeron en sucesivas generaciones de todo el mundo. En su confesión sincera y sin tapujos, muy lejos de la visión almibarada de la adolescencia que imperó hasta entonces, Holden nos desvela la realidad de un muchacho enfrentado al fracaso escolar, a las rígidas normas de una familia tradicional, a la experiencia de la sexualidad más allá del mero deseo.
Miguel Gallardo y Paco Roca publicaron hace un par de años dos obras (Arrugas y María y yo). Los medios, acostumbrados a identificar la historieta con Mortadelo y poco más, les dedicaron amplios espacios y su presencia se hizo habitual, casi indispensable, en los diversos eventos comiqueros de la piel de toro.
Lo que inicialmente iba a ser un sencillo cuaderno de viaje en el que primara la espontaneidad sobre la elaboración formal, ha acabado siendo un cuidadísimo álbum en el que se adivina cierta dosis de saludable competitividad entre dos autores que por mucho que se quieran y respeten necesitan saberse a la altura de su colega, como consecuencia los lectores pueden disfrutar de una obra con vocación de menor, pero con hechuras de superproducción.
Aparecen entrecruzadas dos historias que van alternándose. Por un lado la protagonizada por Isaac Ben Élizer, un cordobés que es enviado al encuentro de los jázaros, un pueblo convertido al judaísmo, con su propio estado y del que por tanto puede surgir el nuevo Mesías. Por otro lado, un escritor judía llamado Marc Sofer recibe la visita de un ruso que le pone sobre la pisat de los jázaros y de los vestigios que de ellos quedan tras las persecuciones estalinistas y el holocausto. Interesado por el tema, Sofer lee la única historia existente sobre los jázaros y localiza en Inglaterra tres cartas: la de un cordobés en la corte de Abderramán III a Joseph, la respuesta del kan y una segunda del cordobés.