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Si sabes de qué va Tinder, Facebook, Instagram o Tumblr entenderás a la perfección lo que Michael Nast cuenta en este libro. Bajo una mirada crítica, Nast reflexiona sobre la vida y los sentimientos de su generación, en la que se han modificado desde la manera de ligar hasta las relaciones personales y las expectativas laborales y que fomenta, según el autor, un alto nivel de egocentrismo así como la utilización de máscaras para mantener una fachada perfecta, sin pensar en el coste que eso conlleva.
A los trece años, el héroe de Historia del llanto ha completado una formación progresista. Ha estado cerca de los que sufren y ha devorado toda la literatura militante que los años setenta obligan a leer en América Latina. Sin embargo, en septiembre de 1973, cuando asiste por televisión al putsch contra Salvador Allende y el Palacio de La Moneda arde en la pantalla, trata de llorar y se descubre seco. Es entonces cuando el protagonista sale en busca de los secretos de su defección y revisa una educación ideológico-sentimental en la que coexisten Superman, un repugnante cantautor de protesta, una novia chilena de derechas, una piscina con un pulpo en el fondo, un oligarca torturado y un vecino militar que acaso no sea lo que parece ser